Ahora no queda nada de todo aquello. Es pasado. Una historia
como la de Babi y Hache. Única e inolvidable, como
cada gran historia.
Al principio no lo quise entender, pero ahora me doy cuenta
de lo equivocada que estaba al pensar que nunca en mi vida podría volver a
encontrarme a esa altura.
Ahora son fan de Gin. De las segundas
oportunidades. Del pasar página y seguir adelante. Ahora sé lo que significa
volver a amar de nuevo, con la misma intensidad y con el mismo temor que antes.
Con tal sólo mirar sus ojos sé que estoy, no a tres metros sobre el cielo, sino
a muchos más. Y ahora es cuando cambian los papeles. Me siento Hache.
Sé lo que es huir del pasado; creer que jamás se irá. Tener miedo de volver a
sentir amor con otra persona. También sé lo que es querer volver a él,
retenerlo y equivocarse. Equivocarse de la peor forma que un ser humano lo
puede hacer.
He vuelto a llorar con Gin al imaginarme
que eso mismo sintió él. Que yo le pude hacer tanto daño. También he vuelto a
llorar con Hache, al revivir aquello que sentí, al saber que hay
algo entre nosotros de lo que me arrepentiré toda mi vida. Por esa razón te
ofrezco toda una vida para querernos. Mi vida.
Sin saberlo, Federico Moccia redactó en su día lo que hoy es
la historia de mi vida. Más parecida imposible. Y con el final que deseo.
Este. El que tenemos ahora, porque así, tal cual están las cosas, son
perfectas.
