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domingo, 24 de junio de 2012

Tengo ganas de ti.

Hay que ver lo que cambia un pensamiento hacia algo dependiendo en la situación de la vida en la que te encuentres. Yo antes era fiel de Tres Metros Sobre el Cielo. Fan de Babi. Dulce, elegante, delicada. Toda una princesita digna de ser salvada por un héroe. Y Hache... Él era Hache. Motero, de cuero, con piti en la mano, sonrisa pícara y palabras engatusadoras. Me enamoré de esa película y viéndola me enamoré más aún de mi vida. Historia intensa de amor. Un amor bruto, de esos que duele. Un día estás allá arriba, en el cielo, y al día siguiente todo ha cambiado. Una montaña rusa que no dejaba de girar. Amor puro, del bueno, que siempre se recuerda. Y entonces llegó Tengo Ganas De Ti. Y ahí la magia anterior se rompía. Aparecía Gin, y rompía los esquemas de esa historia, MI historia. Me enfadaba cada vez que en el libro leía ese nombre. Me aterraba tanto que ese amor se perdiese, ya que también se perdía algo dentro de mí. Necesitaba que Hache y Babi estuvieran siempre juntos para sentir que yo también podía; que lo nuestro tenía futuro.
Ahora no queda nada de todo aquello. Es pasado. Una historia como la de Babi y Hache. Única e inolvidable, como cada gran historia.
Al principio no lo quise entender, pero ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba al pensar que nunca en mi vida podría volver a encontrarme a esa altura. 
Ahora son fan de Gin. De las segundas oportunidades. Del pasar página y seguir adelante. Ahora sé lo que significa volver a amar de nuevo, con la misma intensidad y con el mismo temor que antes. Con tal sólo mirar sus ojos sé que estoy, no a tres metros sobre el cielo, sino a muchos más. Y ahora es cuando cambian los papeles. Me siento Hache. Sé lo que es huir del pasado; creer que jamás se irá. Tener miedo de volver a sentir amor con otra persona. También sé lo que es querer volver a él, retenerlo y equivocarse. Equivocarse de la peor forma que un ser humano lo puede hacer. 
He vuelto a llorar con Gin al imaginarme que eso mismo sintió él. Que yo le pude hacer tanto daño. También he vuelto a llorar con Hache, al revivir aquello que sentí, al saber que hay algo entre nosotros de lo que me arrepentiré toda mi vida. Por esa razón te ofrezco toda una vida para querernos. Mi vida.

Sin saberlo, Federico Moccia redactó en su día lo que hoy es la historia de mi vida. Más parecida imposible.  Y con el final que deseo. Este. El que tenemos ahora, porque así, tal cual están las cosas, son perfectas.