He tenido la suerte de contar en mi vida con alguien tan tan tan increíble que ha conseguido en poco tiempo hacerme sentir la mujer más feliz del mundo. Es una de esas personas mágicas que se cruzan en tu camino y te ponen la vida patas arriba. Te rompen los esquemas y te desordenan el corazón. Apartan el pasado de tu mirada y los malos recuerdos. Construyen sueños tan frágiles como posibles y siempre te despiertan a besos y sonrisas. Para cada lágrima pone el hombro y el abrigo de un abrazo. Para cada sonrisa, muchas cosquillas. Y no tienen problema en repetir una y otra vez, todos los días, lo maravillosa que eres. Eso, eso es vida.
Quizá todo este tiempo pasado a su lado me haya convertido en una mujer mucho más fuerte, segura e independiente a la vez. Sin su compañía estoy segura de que muchos días no me habría levantado, y que gracias a él he superado muchas cosas en escaso tiempo. Y de repente, la vida decide cambiarte. Y decide que las cosas no pueden seguir así. Sin más y sin motivos, por contradictorio que parezca. Quizá todo esto haya sido sólo una etapa de mi vida. Dos años muy felices al lado de una persona increíble, como nunca antes jamás había estado. O quizá no y todos esos planes y sueños, tuyos y míos, los podamos realizar algún día.
