Últimamente se ha hablado y publicado mucho sobre los
refugiados sirios. Y, aunque es despreciable, sólo son noticia porque están
llegando a Europa, porque llegan a nosotros. Sin embargo, desde pequeñita vivo
con el drama de los refugiados saharauis y sigue ahí, sin solucionarse y sin
avanzar. Ahora bien, ha llegado un punto en el que es insostenible. En el que
una se pregunta, ¿hasta cuándo? Los campamentos de refugiados saharauis acaban
de sufrir unas lluvias brutales que han arrasado con todo. El desierto en el
que viven está enfangado, las casas se derrumban, las jaimas están empapadas. Y
ya no hay nada más. Ni vegetación, ni ríos, ni puentes... No sé cómo
explicarlo. Literalmente, no tienen nada. Y escucho que están a base de pan y
agua porque no tienen otra cosa, y se me rompe el corazón en tantos pedazos
como arena tiene el desierto. Y que nadie me venga diciendo que primero hay que
ayudar a los que en España lo están pasando mal. Me parece genial que la gente
ayude, y que se apoye a las personas que peor lo están pasando en nuestro país,
e incluso a los refugiados que huyen de la guerra. Pero un poco de
responsabilidad. Una cosa no quita la otra. Quien no quiera colaborar, o no
pueda, que no lo haga, pero que tampoco juzgue. El Sahara forma parte de nuestra
historia. Una historia que los ha tratado muy injustamente y nuestro país ha
permitido que sigan en las condiciones en las que se encuentran. Ya van 40
años, y tristemente seguimos sumando. Pero por favor, que no se pierda, que no
se olvide. Muchísimas gracias a todas las comunidades autónomas que están
colaborando, a las asociaciones de voluntarios y a las familias españolas. Para
nosotros, los saharauis son ESPAÑOLES olvidados en el desierto, en tiendas de
campaña y que acaban de sufrir la mayor catástrofe de toda su historia.