Puede gustarte lo que escribo o no, puedes identificarte con mis textos o no. Si algo te gusta, cógelo, pero pon la referencia de este sitio. Escribo para compartirlo contigo. Recuerda que lees mis palabras, no me las robes, no me robes.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Ansiedad

Todo empieza poco a poco. Primero los pensamientos negativos van calando muy dentro. Como si de un cuentagotas se tratase. Muy lentamente. Todo parece estar mal, o no ser interesante, o dar pereza. Todo comienzo de lo que sea viene seguido de un "seguro que es un asco" o "seguro que no se puede" o "seguro que no me apetece". Todo. Después, esa sensación de "no sé qué", comienza a incrementarse. En realidad, no estás como para perder el tiempo, pues en tu mente te habías planificado mil cosas. Tienes mucho por hacer. Y eres consciente de que tienes cien distracciones si quieres. Pero cuando la ansiedad te consume, todo lo demás da igual. Lo que tienes, no te apaña, y lo que no tienes, es "tu salvación". Salvación que deja de serlo cuando lo tienes. Una contradicción que ahoga. La gente que está ahí, a tu lado, pierde "valor". Y quienes no están, pues es tan fácil como que eso, no están. Y al no estar, tu mente te dice que no vales una mierda, que poca gente te aprecia, y bla bla bla. Y todo lo que te dice tu cabeza, pues te lo comes. Lo tomas como cierto. Te lo tragas, y sigues. Pero la digestión no se hace. Todos esos pensamientos permanecen ahí dentro mientras tú sigues tu puta vida como si nada. Por seguir. Intentando aparentar. Actuando como siempre has actuado. Subiendo fotos, haciendo planes, saliendo por ahí... como si nada por dentro te pasase. Como si no te doliese el alma. Y entonces, llega un momento en que dentro de ti no cabe nada más. Has llegado al tope y tu cuerpo te empieza a decir basta. Aparentar empieza a ser más difícil y los sentimientos no son tan fáciles de controlar. La ansiedad está más presente que ausente y cada vez hay más cosas negativas en tu cabeza. "No encajo", "nunca voy a volver a ser la misma", "no soy feliz y no sé como serlo". Y el más importante de todos: "no sé qué me pasa". Por muchos consejos super guays, coherentes y duros que te den. Da igual. Repito, da igual. Da igual que haya gente peor, da igual que existan las guerras, da igual que haya gente muriendo día a día. Porque esta sensación, aunque suene exagerado, es como estar muriendo poco a poco. Como si la persona que un día fuiste se estuviera marchitando lentamente para no volver. Y llegados a este punto, tu mente suelta la gota que colma cualquier vaso: ¿qué sentido tiene vivir cuando tu vida ha dejado de existir? Cuando todo lo que te hacía feliz ha desaparecido... Y quizá, alguna parte de tu cabeza con esperanza, empiece a buscar respuestas o lógica o explicación a todo el caos. Pero fracasa. Y te das cuenta de que ha fracasado cuando tú, tan risueña y soñadora, que siempre has dado buenos consejos y sabido expresarte, comienzas a no saber nada, a acumular "no lo sé". Cuando has cambiado comerte el mundo con quien sea y como sea, por no moverte. Cuando te has consumido. Cuando notas que te ahogas y que se te ha olvidado hasta respirar. Cuando sientes que vivirás así siempre.