Estoy enfadada. Llevo dos años estándolo.
Enfadándome y desenfadándome. Como la niña caprichosa que soy. Pero el destino es ambicioso y te cruza en mi vida cuando menos lo espero. Existen miradas cómplices que lo dicen todo. Ojos que después de seis años siguen brillando como aquella noche de 2010. A prueba de bombas. De todo lo bueno y de todo lo peor. Me asusto y me agobio con facilidad, pero esta vez algo dentro de mí late diferente. No sé qué pasa o qué pasará, pero estoy en paz. Conmigo misma. Contigo. Con el mundo y el universo. Intento mantenerme enfadada, pero te miro entre la multitud y ambos sonreímos.
Es magia. Magia después de haber sobrevivido a todo lo que sólo nosotros sabemos. De haber vivido la vida de mil maneras, pero a día de hoy, seguir sintiendo nuestro abrazo como el más sincero del mundo.
