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miércoles, 28 de junio de 2017

Querido refugiado sirio:


Me llamo Nuria Prieto Esteve, tengo veinticinco años y soy española.

Ojalá no tuviera que escribir esta carta. Ojalá no tuviera que decirte nada de esto.
Sin embargo, este mundo cruel en el que vivimos me obliga a decirte que “lo siento”. Siento en el alma que mi Europa os esté matando.

Estamos viviendo el conflicto más importante del siglo XXI por duración y consecuencias, y hasta ahora no hay atisbo de que se solucione pronto. Hablo en plural porque es un asunto que nos concierne a todos, aunque muchos traten de lavarse las manos y daros la espalda. Sé que cada día se amplía el número de personas que os veis forzadas a abandonar vuestra tierra para sobrevivir, porque hablando claro, lo que os espera si permanecéis en Siria es la muerte. ¿Cómo ibas a permanecer en un país lleno de múltiples bandos cargados de armas? ¿Cómo ibas a quedarte quieto después de perder a tu familia por un bombardeo? ¿Cómo ibas a no luchar por sobrevivir? La excusa barata es decir que no hay recursos para todos. Mentira. Ya que en el planeta hay recursos suficientes para que todos podamos vivir dignamente. Así que ten claro que los hipócritas que no te quieren dejar avanzar habrían hecho lo mismo que tú.  

Quiero que sepas que te veo y te leo; que te sigo en tu recorrido. Déjame decirte que te admiro por la decisión que tomaste de escapar y la valentía que supone semejante decisión. No puedo decir lo mismo de mi país, un país que ha vivido la crueldad de una Guerra Civil, que se denomina abierto y demócrata, y que tan sólo os ha acogido a mil personas. Un país que sale a la calle cuando el Real Madrid gana la liga pero que permanece parado ante las muertes de tantos seres humanos. Me da verdadera vergüenza.

La buena disposición de un país es clave si uno quiere realmente ayudar y sinceramente, España podría hacer mucho más. Por esto, también te tengo que pedir perdón. Al igual que por cada día bajo la lluvia. Por cada noche en el barro. Por el cansancio y el hambre. Por el frío. Por el sollozo de cada niño. Por el dolor en cada mirada. Por la desesperanza. Por haberos borrado las sonrisas. Por la desilusión. Por cada pelota de goma; por el gas lacrimógeno. Por la indiferencia. Te pido perdón por todo.

Supongo que, a estas alturas, nos miras sin entender nada, con una mirada tan fría como tus manos, pero ojalá pudiera mirarte a los ojos y decirte que no todos somos así, ya que a la mayoría no nos representan. Créeme cuando te digo que hay más gente buena que mala y que no todos los europeos queremos que os echen. No. Muchos os queremos aquí. El mundo es tanto tuyo como mío. Tu vida vale tanto como la mía. Y yo estaría encantada de hacerte un hueco en mi casa. De ayudarte a construir un nuevo hogar. De devolverte las ganas de soñar. De demostrarte que los europeos somos diferentes a la Europa que os están mostrando.

Lucha, aunque no tengas más fuerzas, sigue luchando. Te mereces una vida digna. Un futuro. No dejes que las fronteras maten tus sueños, no dejes que te convenzan de que no debes estar aquí. Tienes el derecho de buscar un futuro mejor para los tuyos y encontrar ese lugar en el que sentirte seguro.

Amigo refugiado, no nos guardes rencor ni odio. Lo que os están haciendo no va en nuestro nombre. Y sigue luchando. No te rindas.