Puede gustarte lo que escribo o no, puedes identificarte con mis textos o no. Si algo te gusta, cógelo, pero pon la referencia de este sitio. Escribo para compartirlo contigo. Recuerda que lees mis palabras, no me las robes, no me robes.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Eres mi más dulce dolor


Intento alejarme, retroceder.
Ahora me doy cuenta de que no lo hago bien.
Te quiero, te extraño y siempre acabo en tus brazos. Ahí es cuando comprendo que verdaderamente no me distancio. Todo lo contrario, me aferro más y más a ti.
Sé que vamos a sufrir, lo tengo clarísimo, pero no puedo decirle NO a tus labios, ni privar a mi corazón del motivo que hace que continúe latiendo...

martes, 25 de noviembre de 2008

Llegar, enamorar, retroceder...


La vida va y viene. Un día estás aquí, otro allá. Se dice que cada cual decide su destino, pero no miento cuando digo que alguien te lo puede cambiar todo. Tu rumbo, tu camino, tu vida. Al igual que viene y te llena de vida también se va, desarmándote el corazón, dejándote desnuda ante la vida. Nunca sabes cuando llega una cosa y cuando desaparece otra. Lo intuyes, pero jamás llegas a pensar que eso te ocurrirá a ti, a vosotros. Nadie prevé malos augurios para sí mismo, nada presiente lo peor a ciencia cierta. Siempre nos queda ese tenue rayo de esperanza. Al final todo llega, todo acaba.

Él aparece, permanece y un día cualquiera se va. Luego puede ser que vuelva e incluso que pida perdón, pero un día se fue y eso es lo que queda. Las idas y venidas nunca fueron buenas. Las segundas oportunidades tampoco. Yo nunca creí en eso, siempre aposte más y más y más… Ahora se ha ido, ha vuelto y no le he dejado volver. Porque aunque la soledad me mata, la necesidad de sus abrazos me ahoga y la falta de sus besos me oprime el corazón, sé que es mejor así. No habría podido soportar más idas y venidas. Mi corazón no habría resistido otra vez más.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Y desnudos al anochecer nos encontró la luna…



Te vi, antes de que tú me vieras y desde lejos ya te estaba buscando. Mis ojos recorrían todo tu cuerpo con ansia de deseo, y cuando me acerqué a ti tu aroma hizo enloquecer cada uno de mis sentidos. Mientras las demás hablaban rozaste inesperadamente mi mano con tus dedos, y me hiciste soñar despierta, volar, estremecerme. Aceleraste mi corazón de nuevo. Estaba soñando, hasta que lo volviste a hacer, y rozaste con tus dedos mi espalda, por bajo de mi camiseta y rozando la costura de mis pantalones, hasta que un escalofrío recorrió mi cuerpo por completo. Entonces nos quedamos solos, y continuamos hablando como dos amigos cual quiera, como si nunca hubiéramos sido algo más. Y cuando toda posibilidad de estar juntos y de que sintieras algo por mí había desaparecido de mi mente, te has acercado a mí rápidamente posando tu mirada sobre la mía, sin dejarme tiempo para reaccionar, y todo ha comenzado a ir muy despacio, a cámara lentas como en las películas, haciendo que un instante dure toda una eternidad. Entonces me has besado. Te has acercado lentamente y me has agarrado con valentía y ternura la cara. Después todo ha empezado a ir más rápido. Nos hemos besado como animales, como locos, como almas separadas que se aman. Me has besado recorriendo cada rincón de mi cuerpo y descubriendo todos mis secretos. Y nos hemos tocado. Has recorrido con tus manos todos mis rincones más preciados, de abajo hacia arriba. Yo he agarrado tu camiseta por la cintura como una auténtica salvaje hasta que la he deslizado por tu espalda y te la he quitado. Con tu torso desnudo me has hecho suspirar y recordar cómo pasamos los meses amándonos como esa noche, y tus dedos han ido en busca de los botones de mi pantalón. Todo ha ido para fuera, hasta que sólo hemos quedado ambos, desnudos, con nuestros corazones latiendo de fondo, al unísono. Me has tomado entre tus brazos, me has seguido besando y acariciando, y me has colocado sobre ti. Después todo ha sucedido solo. Ninguno ha articulado palabra, pero no hacía falta. Los dos sabíamos que estábamos haciendo las cosas mal, pero en ese preciso momento no importaba nada, sólo nosotros y ese amor que sentíamos y llevábamos tiempo queriendo reprimirlo. Cuando hemos acabado me has mirado fijamente a los ojos, sonriendo, y me has rodeado con tus brazos. Me has besado; te he besado. Por fin hemos hablado, sólo para decirnos lo mucho que nos amábamos, aunque no hubiera hecho falta decir nada. Y ahí nos hemos quedado, tumbados en la parte trasera del coche, mirando las estrellas y deseando que el tiempo se parara…