En cambio, cuando vas a casa de otra persona ocurre justo lo contrario. Parece que no puedas dar un solo paso por el miedo a tropezar o caerte. Intentas andar a tientas, pero necesitas una pequeña luz que te indique cuál es el camino.
También podemos aplicar estas situaciones al amor. Cuando confías tanto en una persona, caminas a ciegas con ella como si del pasillo oscuro de tu casa se tratara. La diferencia es que, de repente, pueden aparecer obstáculos en el camino que te hagan caer. Sin embrago, en tu casa no hay nada por en medio, todo está en orden.
Me has desordenado la vida y me has hecho caminar a ciegas, sin seguridad, haciéndome tropezar a cada paso.Y aún así, después de verme en el suelo, has pasado por encima a tu antojo, rompiendo lo poco que quedaba en este corazón.
Ahora soy yo la que está de pie y pronto te veré en el suelo.
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