Puede gustarte lo que escribo o no, puedes identificarte con mis textos o no. Si algo te gusta, cógelo, pero pon la referencia de este sitio. Escribo para compartirlo contigo. Recuerda que lees mis palabras, no me las robes, no me robes.

martes, 25 de octubre de 2011

Así y punto.

Justo ahora ya van 3041 visitas. No tengo ni zorra de quién o quienes se meterán aquí. Muchos para cotillear y hablar mal y de más. Pero sé que hay algunos que me han dicho que les gusta lo que escribo porque se nota que sale de dentro, que tiene sentimiento. Para ser más sincera aún, puedo asegurar que escribo tal cual me sale, conforme lo estoy sintiendo. Son sentimientos, y precisamente por eso son incontrolables, no se pueden tachar de buenos o malos, porque depende del contexto, de la persona y de la vida en sí. Lo que en un día escribí puede que a día de hoy sean cenizas, pero sigue ahí, porque cuando lo escribí era por algo.
He usado la mayoría de veces este blog como una vía de escape al dolor. Para desahogarme sin necesidad de hablar ni de contar nada. Digo contar de forma relativa, ya que se lo he contado al mundo entero, pero a nadie en particular. Cuando los nervios podían conmigo y llorar era demasiado doloroso, me sentaba frente a la pantalla y al acabar unas cuantas líneas notaba cómo mis pulmones empezaban a respirar más despacio.

No todo el mundo conoce esto de mí, casi nadie ha podido experimentar de tan cerca esta parte que me complementa, ni siquiera tú. Y ahora tú quieres conocerlo, sabes que escribo, pero no has llegado a leer nada. Y lo peor de esto es que yo siento como si hubiera hecho algo mal. Soy clara, sé que hay cosas de mi pasado aquí escritas que al leerlas pueden hacerte daño y me siento culpable. Pero, ¿culpable de qué? He querido con toda mi alma y mi corazón a una persona, tú lo sabes, y han sido años y años. Ahora ya se acabó. He tenido altibajos, alguna noche de reflexión pensando de más en el pasado, pero creo que después de tanto tiempo es normal. También la he cagado, pero el perdón y el rencor no caminan juntos de la mano, y si caminamos hacia delante tiene que ser de cero, sin recriminar. He comprendido que eran sólo recuerdos cuándo eras tú quien aparecía en mi cabeza a primera hora de la mañana y quien alimentaba mis sueños todas las noches. Así que si te digo que se acabó, se acabó. Si no fuera así estaría corriendo tras él como tantas veces he hecho. Pero te quiero a ti. Pensé que no podría olvidar, que no sería capaz de volver a querer. No me veía de nuevo en esa situación, pero sin quererlo ni beberlo ha llegado hasta mí. Sin apenas darme cuenta te has colado de lleno en mi vida, y ahora no quiero que te vayas. Me encanta quererte, y pienso hacerlo día tras día. Porque no necesito otra cosa en mi mundo que tenerte a ti.
Pero todo esto tiene algo malo. Has llegado a ese punto en que mi principal miedo es que desaparezcas. Perderte. Y digo malo porque si eso ocurre me dolerá muchísimo, porque te quiero, te quiero y te quiero. Tengo miedo de que te marches porque no te guste, de que termines de conocerme y odies mis pequeños defectos y mis equivocaciones. No quiero echarte de menos. Deseo que me despiertes a besos todas las mañanas y que pienses en mí cuando te vayas a dormir, aunque esté pegada a tu pecho. Anda, cumple mi sueño.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo te sigo. Para no perderte la pista y porque me encanta.

Es pasión lo que escribes y es genial vivir una vida llena de pasión, aunque eso traiga de vez en cuando cosas no muy agradables.

No me olvido de ti.
Te quiero.
Conchi.