He estado tanto tiempo sin sentir dolor que ahora mismo estoy confusa. Quiero quitarme este sentimiento de aquí y que todo sea igual que antes, como siempre. Pero al cabo de las horas vuelve a correr por mi mente ese pensamiento, como si fuera una ráfaga de viento que me hace estremecerme y ver lo que ha cambiado. Ahora entiendo, lo entiendo a él y entiendo cómo nuestros actos hacen daño a las personas que más queremos. Yo fallé, tú has mentido. Han sido errores, equivocaciones que desearíamos borrar. Es algo humano, innato, que ayuda a crecer y saber qué es aquello que quieres.
No me voy a poner melodramática, he pasado cosas peores, pero no puedo negar que esto me duele. La vida es así, más difícil que fácil, y el dolor tiene la capacidad de, en tan sólo un segundo, hacer que los momentos más felices se queden lejos. Pero, sin duda alguna, las amargas sorpresas pesan más. Y esto me duele tanto por eso mismo, porque no me lo esperaba.
Aún así, estoy bien. Sé que me quieres y que cada noche te tengo a mi lado. Eso es lo que me vale. ¿Para qué pensar en el pasado teniendo NUESTRO futuro?
Hay otro pero. Si fuera entre tú y yo, vale, pero no es así. Y al no ser cosa de dos me duele aún más. Supongo que el tiempo es quien coloca cada cosa en su lugar y repara toda herida causada. Me aferro a eso. Tengo la esperanza de que algún día vuelva todo a la normalidad entre los tres.
No hay comentarios:
Publicar un comentario