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viernes, 4 de enero de 2013

Finales amargos; comienzos aún peores.

Desde que tenemos uso de razón todos sabemos que la muerte está ahí, a la vuelta de la esquina, y que puede aparecer cuando menos lo esperemos. Es de las pocas cosas de esta vida que sabemos a ciencia cierta y posiblemente la que más tememos. No he hecho una reflexión de este último año porque podría menospreciar a toda la gente que ha estado a mi lado, ya que a pesar de todo, ha sido un año horrible. Igual que 2011. Está claro que he vivido infinidad de cosas buenas y he descubierto personas que antes prácticamente desconocía, pero en dos años he perdido a dos personas imprescindibles en mi vida que me han acompañado siempre. Frente a eso, todo lo bueno se hace pequeño. Ahora ha comenzado un nuevo año, y comienza duramente con la peor de las despedidas. Despedidas que realizamos todos los días por si no podemos hacerlas mañana, y que duelen tanto tanto, que me pregunto ¿cuándo pasará todo esto? ¿Cuándo la vida nos dará un momento de tranquilidad? Y aún así ofrezco la mejor de mis sonrisas cuando en mi interior tan sólo hay lágrimas.

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