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viernes, 27 de mayo de 2016

Si me aguanto, me ahogo

Normal y corriente, hasta diría que era un día feliz. De repente algo hace ¡zas!  y todo se derrumba ante mis pies. Mi mente empieza a cavilar y navegar sin filtros. Y la objetividad pasa a un segundo plano. La idea de qué pasará trae de nuevo los fantasmas del pasado. El pánico. Los recuerdos más tristes y dolorosos. Y aparece el miedo. Miedo multiplicado por más miedo. Que es ley de vida, lo sabemos todos. Pero necesito llorar. Llorar horas, y soltar. Respirar lentamente mientras sollozo, hasta que vuelve el llanto. Y no quiero ver a nadie, ni apoyarme sobre un hombro, ni que me sequen las lágrimas. Quiero llorar fuerte y gritar. Secarme la cara y derrumbarme una y otra vez. Yo sola. Que mis lágrimas empapen mi pecho. Que todo fluya. Porque si me aguanto, me ahogo. Porque si lo evito, me rompo más aún. Porque si me mantengo fuerte, la caída será más grande.

Este día estará marcado siempre en mi calendario llamado vida. Jodida vida. Será aquel día de llorar sola en mi sofá de Alicante. Será el día previo a todas las lágrimas que aún quedan por llegar.

¿Sabéis uno de esos días en los que necesitas llorar?
Pues ayer era uno de esos.


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