Puede gustarte lo que escribo o no, puedes identificarte con mis textos o no. Si algo te gusta, cógelo, pero pon la referencia de este sitio. Escribo para compartirlo contigo. Recuerda que lees mis palabras, no me las robes, no me robes.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Patriotismo hipócrita.

Amantes de la patria y la bandera española, os recuerdo que el Sáhara Occidental era la provincia número 53 de España. Sí, España. Os recuerdo también que fue invadida por Marruecos en el año 1975 y que llevan 42 años en el exilio, en campamentos de refugiados, mientras nadie hace NADA. Supongo que si os duele y os enfada que Cataluña se independice, os dolerá lo mismo que otro país nos arrebatase un territorio español. Digo yo, eh. Pero no, muchxs ni siquiera sabéis qué narices ha pasado con el Sáhara, a pesar de consideraros los más patriotas del mundo. Si realmente defendierais la unidad y grandeza de España, no daríais la espalda al pueblo saharaui. Lo que une y engrandece un país no es la cantidad de banderas que hay en los balcones, es el respeto, la tolerancia, la libertad. Es el diálogo, la generosidad, la comprensión. Permitidme que dude de la unidad de España tan de moda estos últimos días disfrazada de hipocresía. Porque sólo reclamáis y gritáis ante la independencia de Cataluña, y os quedáis calladxs ante el gobierno más corrupto de la historia de la Unión Europea. Ante los recortes en Sanidad y Educación. Ante la venta de armas a dictaduras como Arabia Saudí. No veo ondear banderas contra la Ley Mordaza o contra las agresiones ultraderechistas cometidas en Valencia el 9 de octubre, que por cierto, personas que propinaron palizas están en la calle mientras los Jordis están en la cárcel. Eso sí, escucho muchos argumentos de aplicar el 155 en favor de la democracia y la legalidad, pero justo esos mismos principios se os olvidan cuando en nuestra querida y amada España se trabajan más de 3,5 millones de horas gratis cada semana. Y os apunto que eso es ILEGAL. Y así me podría tirar horas y horas, mientras el pueblo saharaui lleva más de 40 años esperando que se cumpla la legalidad y que el Gobierno de España asuma su responsabilidad.



miércoles, 28 de junio de 2017

Querido refugiado sirio:


Me llamo Nuria Prieto Esteve, tengo veinticinco años y soy española.

Ojalá no tuviera que escribir esta carta. Ojalá no tuviera que decirte nada de esto.
Sin embargo, este mundo cruel en el que vivimos me obliga a decirte que “lo siento”. Siento en el alma que mi Europa os esté matando.

Estamos viviendo el conflicto más importante del siglo XXI por duración y consecuencias, y hasta ahora no hay atisbo de que se solucione pronto. Hablo en plural porque es un asunto que nos concierne a todos, aunque muchos traten de lavarse las manos y daros la espalda. Sé que cada día se amplía el número de personas que os veis forzadas a abandonar vuestra tierra para sobrevivir, porque hablando claro, lo que os espera si permanecéis en Siria es la muerte. ¿Cómo ibas a permanecer en un país lleno de múltiples bandos cargados de armas? ¿Cómo ibas a quedarte quieto después de perder a tu familia por un bombardeo? ¿Cómo ibas a no luchar por sobrevivir? La excusa barata es decir que no hay recursos para todos. Mentira. Ya que en el planeta hay recursos suficientes para que todos podamos vivir dignamente. Así que ten claro que los hipócritas que no te quieren dejar avanzar habrían hecho lo mismo que tú.  

Quiero que sepas que te veo y te leo; que te sigo en tu recorrido. Déjame decirte que te admiro por la decisión que tomaste de escapar y la valentía que supone semejante decisión. No puedo decir lo mismo de mi país, un país que ha vivido la crueldad de una Guerra Civil, que se denomina abierto y demócrata, y que tan sólo os ha acogido a mil personas. Un país que sale a la calle cuando el Real Madrid gana la liga pero que permanece parado ante las muertes de tantos seres humanos. Me da verdadera vergüenza.

La buena disposición de un país es clave si uno quiere realmente ayudar y sinceramente, España podría hacer mucho más. Por esto, también te tengo que pedir perdón. Al igual que por cada día bajo la lluvia. Por cada noche en el barro. Por el cansancio y el hambre. Por el frío. Por el sollozo de cada niño. Por el dolor en cada mirada. Por la desesperanza. Por haberos borrado las sonrisas. Por la desilusión. Por cada pelota de goma; por el gas lacrimógeno. Por la indiferencia. Te pido perdón por todo.

Supongo que, a estas alturas, nos miras sin entender nada, con una mirada tan fría como tus manos, pero ojalá pudiera mirarte a los ojos y decirte que no todos somos así, ya que a la mayoría no nos representan. Créeme cuando te digo que hay más gente buena que mala y que no todos los europeos queremos que os echen. No. Muchos os queremos aquí. El mundo es tanto tuyo como mío. Tu vida vale tanto como la mía. Y yo estaría encantada de hacerte un hueco en mi casa. De ayudarte a construir un nuevo hogar. De devolverte las ganas de soñar. De demostrarte que los europeos somos diferentes a la Europa que os están mostrando.

Lucha, aunque no tengas más fuerzas, sigue luchando. Te mereces una vida digna. Un futuro. No dejes que las fronteras maten tus sueños, no dejes que te convenzan de que no debes estar aquí. Tienes el derecho de buscar un futuro mejor para los tuyos y encontrar ese lugar en el que sentirte seguro.

Amigo refugiado, no nos guardes rencor ni odio. Lo que os están haciendo no va en nuestro nombre. Y sigue luchando. No te rindas.

jueves, 6 de abril de 2017

Querida Lola...


No sé quién eres y quizá nunca lo sepa, pero has aparecido cuando más lo necesitaba. Fíjate que me escribiste en enero, sin embargo yo te leí ayer. Sí, ayer, el peor día de mi vida en estos últimos siete meses. Y debo darte las gracias, porque por si no te lo imaginas, fue el único instante en que sonreí y pensé “ha valido la pena”.

Que nadie ni nada te robe la oportunidad de vivir un Erasmus.