Amantes de la patria y la bandera española, os recuerdo que el Sáhara Occidental era la provincia número 53 de España. Sí, España. Os recuerdo también que fue invadida por Marruecos en el año 1975 y que llevan 42 años en el exilio, en campamentos de refugiados, mientras nadie hace NADA. Supongo que si os duele y os enfada que Cataluña se independice, os dolerá lo mismo que otro país nos arrebatase un territorio español. Digo yo, eh. Pero no, muchxs ni siquiera sabéis qué narices ha pasado con el Sáhara, a pesar de consideraros los más patriotas del mundo. Si realmente defendierais la unidad y grandeza de España, no daríais la espalda al pueblo saharaui. Lo que une y engrandece un país no es la cantidad de banderas que hay en los balcones, es el respeto, la tolerancia, la libertad. Es el diálogo, la generosidad, la comprensión. Permitidme que dude de la unidad de España tan de moda estos últimos días disfrazada de hipocresía. Porque sólo reclamáis y gritáis ante la independencia de Cataluña, y os quedáis calladxs ante el gobierno más corrupto de la historia de la Unión Europea. Ante los recortes en Sanidad y Educación. Ante la venta de armas a dictaduras como Arabia Saudí. No veo ondear banderas contra la Ley Mordaza o contra las agresiones ultraderechistas cometidas en Valencia el 9 de octubre, que por cierto, personas que propinaron palizas están en la calle mientras los Jordis están en la cárcel. Eso sí, escucho muchos argumentos de aplicar el 155 en favor de la democracia y la legalidad, pero justo esos mismos principios se os olvidan cuando en nuestra querida y amada España se trabajan más de 3,5 millones de horas gratis cada semana. Y os apunto que eso es ILEGAL. Y así me podría tirar horas y horas, mientras el pueblo saharaui lleva más de 40 años esperando que se cumpla la legalidad y que el Gobierno de España asuma su responsabilidad.
Puede gustarte lo que escribo o no, puedes identificarte con mis textos o no. Si algo te gusta, cógelo, pero pon la referencia de este sitio. Escribo para compartirlo contigo. Recuerda que lees mis palabras, no me las robes, no me robes.
jueves, 2 de noviembre de 2017
miércoles, 28 de junio de 2017
Querido refugiado sirio:
Me llamo Nuria Prieto
Esteve, tengo veinticinco años y soy española.
Ojalá no tuviera que
escribir esta carta. Ojalá no tuviera que decirte nada de esto.
Sin embargo, este
mundo cruel en el que vivimos me obliga a decirte que “lo siento”. Siento en el
alma que mi Europa os esté matando.
Estamos viviendo el conflicto
más importante del siglo XXI por duración y consecuencias, y hasta ahora no hay
atisbo de que se solucione pronto. Hablo en plural porque es un asunto que nos
concierne a todos, aunque muchos traten de lavarse las manos y daros la espalda.
Sé que cada día se amplía el número de personas que os veis forzadas a
abandonar vuestra tierra para sobrevivir, porque hablando claro, lo que os
espera si permanecéis en Siria es la muerte. ¿Cómo ibas a permanecer en un país
lleno de múltiples bandos cargados de armas? ¿Cómo ibas a quedarte quieto
después de perder a tu familia por un bombardeo? ¿Cómo ibas a no luchar por sobrevivir?
La excusa barata es decir que no hay recursos para todos. Mentira. Ya que en el
planeta hay recursos suficientes para que todos podamos vivir dignamente. Así
que ten claro que los hipócritas que no te quieren dejar avanzar habrían hecho
lo mismo que tú.
Quiero que sepas que
te veo y te leo; que te sigo en tu recorrido. Déjame decirte que te admiro por
la decisión que tomaste de escapar y la valentía que supone semejante decisión.
No puedo decir lo mismo de mi país, un país que ha vivido la crueldad de una
Guerra Civil, que se denomina abierto y demócrata, y que tan sólo os ha acogido
a mil personas. Un país que sale a la calle cuando el Real Madrid gana la liga
pero que permanece parado ante las muertes de tantos seres humanos. Me da
verdadera vergüenza.
La buena disposición
de un país es clave si uno quiere realmente ayudar y sinceramente, España podría
hacer mucho más. Por esto, también te tengo que pedir perdón. Al igual que por
cada día bajo la lluvia. Por cada noche en el barro. Por el cansancio y el
hambre. Por el frío. Por el sollozo de cada niño. Por el dolor en cada mirada. Por
la desesperanza. Por haberos borrado las sonrisas. Por la desilusión. Por cada
pelota de goma; por el gas lacrimógeno. Por la indiferencia. Te pido perdón por
todo.
Supongo que, a estas
alturas, nos miras sin entender nada, con una mirada tan fría como tus manos,
pero ojalá pudiera mirarte a los ojos y decirte que no todos somos así, ya que
a la mayoría no nos representan. Créeme cuando te digo que hay más gente buena
que mala y que no todos los europeos queremos que os echen. No. Muchos os
queremos aquí. El mundo es tanto tuyo como mío. Tu vida vale tanto como la mía.
Y yo estaría encantada de hacerte un hueco en mi casa. De ayudarte a construir
un nuevo hogar. De devolverte las ganas de soñar. De demostrarte que los
europeos somos diferentes a la Europa que os están mostrando.
Lucha, aunque no
tengas más fuerzas, sigue luchando. Te mereces una vida digna. Un futuro. No
dejes que las fronteras maten tus sueños, no dejes que te convenzan de que no
debes estar aquí. Tienes el derecho de buscar un futuro mejor para los tuyos y
encontrar ese lugar en el que sentirte seguro.
Amigo refugiado, no
nos guardes rencor ni odio. Lo que os están haciendo no va en nuestro nombre. Y
sigue luchando. No te rindas.
jueves, 6 de abril de 2017
Querida Lola...
No sé quién eres y quizá nunca lo sepa, pero has aparecido
cuando más lo necesitaba. Fíjate que me escribiste en enero, sin embargo yo te
leí ayer. Sí, ayer, el peor día de mi vida en estos últimos siete meses. Y debo
darte las gracias, porque por si no te lo imaginas, fue el único instante en
que sonreí y pensé “ha valido la pena”.
Que nadie ni nada te robe la oportunidad de vivir un Erasmus.
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