Puede gustarte lo que escribo o no, puedes identificarte con mis textos o no. Si algo te gusta, cógelo, pero pon la referencia de este sitio. Escribo para compartirlo contigo. Recuerda que lees mis palabras, no me las robes, no me robes.
miércoles, 15 de junio de 2011
te doy la razón.
Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. No me he explicado bien o no he sido lo bastante claro, pero no te culpo. Es algo que los dos hemos roto, que tanto tú como yo lo hemos destruido. Repito, tanto tú como yo. No pretendía acusarte ni echarte nada en cara. Ni yo soy una santa ni tú eres un demonio. Nos hemos querido, nos hemos equivocado muchas veces ambos, y se ha terminado. Pero tengo suficientes motivos como para asegurar que has sido tú y sólo tú, quien le ha dado este toque amargo a nuestro final.
lunes, 13 de junio de 2011
caen las vendas; se abren los ojos.
Todos alguna vez hemos mentido, engañado o traicionado. Hay personas que viven a diario con eso, y lo peor, que les gusta. Otras en cambio, se sienten mal, pero lo levan por dentro. Una vida llena de mentiras acaba rompiéndose. Con la confianza ocurre lo mismo: una vez roto el espejo es imposible volver a recomponerlo, siempre quedarán grietas. El amor es más de lo mismo. Se dice que la virtud del gran amor es saber perdonar. Saber perdonar y seguir adelante. Si puedo perdonar, pero no seguir adelante, ¿qué pasa entonces? No hay rencor en mi vida, ni odio, ni venganza. He perdonado, de corazón. Pero también he empezado de cero. Pienso en mí, hago lo que me apetece, tengo todo el tiempo libre del mundo, me quiero, me digo yo misma que algún día estaré mejor... Echo de menos, como cualquier ser humano. Añoro momentos y pienso en qué distintas habrían sido las cosas de no haber mentiras por enmedio. A pesar de los males, soy feliz. He pasado algunos de los peores meses de mi vida, amando y sintiendo cómo las cosas iban mal, de qué manera se me escapaba la situación sin poder descubrir qué pasaba. Me preocupé por él más que por mí misma, le di todo esperando que esta vez lo valorara, que apreciara el cambio y supiera lo importante que era. Pero ha vuelto a suceder. Se ha vuelto a romper y esta vez dentro de mí no queda nada que me haga volver a resurgir. Siempre pensé que tú eras yo y que yo era tú, que éramos uno, siempre. Ahora miro atrás y no sé quien eres realmente. Abro la caja y me parece ver una película de la cual no formo parte. La decepción es tan grande que me alegro de todo lo que ha pasado. Me reconforta saber que no voy a perder más tiempo, que he tenido la suerte de abrir los ojos, y lo más importante de todo, que después de tantos años, cuatro para ser exactos, por fin quiero ser feliz sin ti. Sin pasado, sin futuro. Sólo yo, sin ti en mis planes.
lunes, 6 de junio de 2011
cuando algo se rompe.
Cuando pierdes algo, nunca te haces a la idea de que está totalmente perdido. Siempre tendemos a pensar que no estamos buscando bien y que tarde o temprano aparecerá. Pero hay cosas que pierdes y que jamás recuperas. No necesito dos meses para echar de menos, porque lo echo de menos desde el momento en que se acabó. Tampoco me hace falta tiempo para darme cuenta de que lo necesito, porque sé que esa necesidad vivirá siempre conmigo. Con un mundo patas arriba pienso en cómo he llegado hasta aquí. Y la respuesta a todo siempre es la misma: no lo sé...
Empieza la semana. Es un lunes como el lunes anterior, solamente que el hecho de decirlo, el hecho de reconocerlo, lo convierte todo en real. Pero sigo sin asimilar y sin creer, porque era algo que no entraba en mis planes. Reaparece ese miedo, terror a la soledad, pánico a que nadie me miré como él lo hacía.
Lo duro va a ser volver a verlo, abrazarlo y ver que ya no es la persona que está a mi lado, regalándome su vida. Cruzarme con él y pensar que hubo un momento en que nos quisimos tanto que estuvimos a punto de rozar las nubes con la punta de nuestros dedos. Y seguir sin obtener respuesta, seguir sin saber por qué después de todo, de tanto amor, el camino se separa. Quizá sea eso, todo, demasiadas cosas, mucho daño, una historia complicada. Nos prometimos que sería para siempre y no hemos sabido llegar a cumplirlo. Que me llamen ingenua pero pensaba que él sería la persona con la que pasearía del brazo a mis 70 años. Seguramente no sea así, pero me acordaré de él todas las noches de mi vida. Aunque no lo vea o no sepa nada de él, ¿para qué engañarme? lo echaré de menos hasta la saciedad. Igual que lo echo de menos ahora, y tengo tantísimas ganas de llamarlo y decirle, ven, ven aquí que tú y yo estamos hechos para estar juntos. Pero lo pienso un segundo, y no tiene sentido hacernos más daño. Porque después de los besos de hoy, llegará el dolor de mañana. Porque tú y yo funcionamos así, amor bruto, amor que duele, que de tanto querer duele, y ha llegado un momento en que ese dolor ha podido con todo.
Empieza la semana. Es un lunes como el lunes anterior, solamente que el hecho de decirlo, el hecho de reconocerlo, lo convierte todo en real. Pero sigo sin asimilar y sin creer, porque era algo que no entraba en mis planes. Reaparece ese miedo, terror a la soledad, pánico a que nadie me miré como él lo hacía.
Lo duro va a ser volver a verlo, abrazarlo y ver que ya no es la persona que está a mi lado, regalándome su vida. Cruzarme con él y pensar que hubo un momento en que nos quisimos tanto que estuvimos a punto de rozar las nubes con la punta de nuestros dedos. Y seguir sin obtener respuesta, seguir sin saber por qué después de todo, de tanto amor, el camino se separa. Quizá sea eso, todo, demasiadas cosas, mucho daño, una historia complicada. Nos prometimos que sería para siempre y no hemos sabido llegar a cumplirlo. Que me llamen ingenua pero pensaba que él sería la persona con la que pasearía del brazo a mis 70 años. Seguramente no sea así, pero me acordaré de él todas las noches de mi vida. Aunque no lo vea o no sepa nada de él, ¿para qué engañarme? lo echaré de menos hasta la saciedad. Igual que lo echo de menos ahora, y tengo tantísimas ganas de llamarlo y decirle, ven, ven aquí que tú y yo estamos hechos para estar juntos. Pero lo pienso un segundo, y no tiene sentido hacernos más daño. Porque después de los besos de hoy, llegará el dolor de mañana. Porque tú y yo funcionamos así, amor bruto, amor que duele, que de tanto querer duele, y ha llegado un momento en que ese dolor ha podido con todo.
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