Cuando pierdes algo, nunca te haces a la idea de que está totalmente perdido. Siempre tendemos a pensar que no estamos buscando bien y que tarde o temprano aparecerá. Pero hay cosas que pierdes y que jamás recuperas. No necesito dos meses para echar de menos, porque lo echo de menos desde el momento en que se acabó. Tampoco me hace falta tiempo para darme cuenta de que lo necesito, porque sé que esa necesidad vivirá siempre conmigo. Con un mundo patas arriba pienso en cómo he llegado hasta aquí. Y la respuesta a todo siempre es la misma: no lo sé...
Empieza la semana. Es un lunes como el lunes anterior, solamente que el hecho de decirlo, el hecho de reconocerlo, lo convierte todo en real. Pero sigo sin asimilar y sin creer, porque era algo que no entraba en mis planes. Reaparece ese miedo, terror a la soledad, pánico a que nadie me miré como él lo hacía.
Lo duro va a ser volver a verlo, abrazarlo y ver que ya no es la persona que está a mi lado, regalándome su vida. Cruzarme con él y pensar que hubo un momento en que nos quisimos tanto que estuvimos a punto de rozar las nubes con la punta de nuestros dedos. Y seguir sin obtener respuesta, seguir sin saber por qué después de todo, de tanto amor, el camino se separa. Quizá sea eso, todo, demasiadas cosas, mucho daño, una historia complicada. Nos prometimos que sería para siempre y no hemos sabido llegar a cumplirlo. Que me llamen ingenua pero pensaba que él sería la persona con la que pasearía del brazo a mis 70 años. Seguramente no sea así, pero me acordaré de él todas las noches de mi vida. Aunque no lo vea o no sepa nada de él, ¿para qué engañarme? lo echaré de menos hasta la saciedad. Igual que lo echo de menos ahora, y tengo tantísimas ganas de llamarlo y decirle, ven, ven aquí que tú y yo estamos hechos para estar juntos. Pero lo pienso un segundo, y no tiene sentido hacernos más daño. Porque después de los besos de hoy, llegará el dolor de mañana. Porque tú y yo funcionamos así, amor bruto, amor que duele, que de tanto querer duele, y ha llegado un momento en que ese dolor ha podido con todo.
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