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lunes, 13 de junio de 2011
caen las vendas; se abren los ojos.
Todos alguna vez hemos mentido, engañado o traicionado. Hay personas que viven a diario con eso, y lo peor, que les gusta. Otras en cambio, se sienten mal, pero lo levan por dentro. Una vida llena de mentiras acaba rompiéndose. Con la confianza ocurre lo mismo: una vez roto el espejo es imposible volver a recomponerlo, siempre quedarán grietas. El amor es más de lo mismo. Se dice que la virtud del gran amor es saber perdonar. Saber perdonar y seguir adelante. Si puedo perdonar, pero no seguir adelante, ¿qué pasa entonces? No hay rencor en mi vida, ni odio, ni venganza. He perdonado, de corazón. Pero también he empezado de cero. Pienso en mí, hago lo que me apetece, tengo todo el tiempo libre del mundo, me quiero, me digo yo misma que algún día estaré mejor... Echo de menos, como cualquier ser humano. Añoro momentos y pienso en qué distintas habrían sido las cosas de no haber mentiras por enmedio. A pesar de los males, soy feliz. He pasado algunos de los peores meses de mi vida, amando y sintiendo cómo las cosas iban mal, de qué manera se me escapaba la situación sin poder descubrir qué pasaba. Me preocupé por él más que por mí misma, le di todo esperando que esta vez lo valorara, que apreciara el cambio y supiera lo importante que era. Pero ha vuelto a suceder. Se ha vuelto a romper y esta vez dentro de mí no queda nada que me haga volver a resurgir. Siempre pensé que tú eras yo y que yo era tú, que éramos uno, siempre. Ahora miro atrás y no sé quien eres realmente. Abro la caja y me parece ver una película de la cual no formo parte. La decepción es tan grande que me alegro de todo lo que ha pasado. Me reconforta saber que no voy a perder más tiempo, que he tenido la suerte de abrir los ojos, y lo más importante de todo, que después de tantos años, cuatro para ser exactos, por fin quiero ser feliz sin ti. Sin pasado, sin futuro. Sólo yo, sin ti en mis planes.
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1 comentario:
Hermoso. Pero nunca sin pasado ni futuro. En el fondo, un día descubres que más importante aún que la maravilla de que alguien te quiera cuando tanto lo deseas, más imprtante aún es mantener y crecer en la "propia capacidad de amar". Una persona egoísta y que considera que lo importante es "que le quieran", es una persona que al final se agota en su propia incapacidad... Eres joven, pero, al final, creo, eso es lo único que supervive. Por tanto, cuidemos nuestra capacidad y no aleguemos tan a menudo que la desesperanza viene de fuera.
Bezitos
Ramón
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