Abrir la puerta. Lanzar las llaves, el bolso y la cazadora sobre la cama. Descalzarme. Quitarme el sujetador. Y quedarme en bragas. Hacerme un moño, bien alto. Sentir que mi nuca respira.
Abrir la nevera e improvisar. Poner música, encender incienso. Y unas velitas. Bien romántico. Para mí.
Destapar una cerveza. Tirarme en el sofá. Cerrar los ojos e imaginar. Coger una tableta de chocolate. Y morder. Devorar. Juguetear con el whatsapp. Bloquear el móvil y pasar del sofá a la cama.
Acurrucarme, y leer. Pasar página tras página. O poner un capítulo de las mil series que estoy siguiendo. Estirarme a mis anchas. Sentirme infinita. Todo para mí. Y mañana más.
Existen los días de resaca o enfermedad, los días de ver fotos y echar de menos. Los días de querer compartir con alguien. Pero no cambio esta etapa ni por la mejor historia de amor del mundo.

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