Vosotros, hombres, jamás sabréis lo que es tener que cambiar
el camino de vuelta a casa porque la calle está demasiado solitaria. O porque
hay algún/os hombre/s.
Jamás sabréis lo que se siente al estar bailando en una
discoteca y que te toque el culo/la espalda/el hombro un desconocido entre la
multitud. O dos. O tres.
Jamás entenderéis lo que supone fingir llamadas
telefónicas cuando alguien camina cerca y despacio por detrás de ti y vas SOLA.
O entrar en un portal ajeno fingiendo que es el tuyo porque te sientes indefensa
ante no sabes quién o qué.
Jamás sentiréis el miedo cada vez que un coche se para y
pronuncia cualquier obscenidad, entre risas, como si hiciera gracia. Sí, las
mismas obscenidades que vosotros llamáis piropos.
Nunca llegaréis a sentir ese MIEDO que sentimos día a día y
que no debería existir. Que sí, que tampoco es para tanto pensaréis algunxs, ya
que nos dejan entrar gratis a las discotecas, nos venden shorts que parecen
bragas y los compramos, hacemos topless ante todo el mundo y lucimos piernas a
todas horas. Pero, ¿y qué? Nos arreglamos y maquillamos cuando vamos a salir de
fiesta, y a veces llevamos escotazos. O vestidos ceñidos. También nos pintamos
los labios y nos emborrachamos. Follamos, hacemos el amor y nos masturbamos.
Subimos fotos de nuestro día a día a las redes sociales. De fiesta, con amigas, en biquini, en la playa o la montaña. Con nuestro novio o con nuestro perro. Con
morritos y gafas de sol. Sacando la lengua y levantando los brazos. Eso NO
significa que estemos pidiendo a gritos que nos digáis
elculoquetenemos/nospersigáis/nosvioléis.
Sí, hacemos todo eso que vosotros también hacéis y a
nosotras se nos cuestiona. Porque luego todo es:
Llevaba un pantalón muy corto.
Iba provocando. La culpa es de ella por volver sola a casa. Se lo había
buscado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario