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lunes, 19 de septiembre de 2011

dejarse llevar y bailar.

Habitaciones desordenadas, lavavajillas por poner, secadora por sacar, cena por hacer, vestirme y peinarme, y sólo 23 minutos antes de que llegues. Pero necesitaba sentarme y sacar toda esta felicidad que llevo dentro. No quiero ser gafe ni adelantar acontecimientos, pero es que aunque parezca exagerado cada día que pasa todo esto que tenemos se supera. No esperaba tener la necesidad de verte todos los días, de querer todas las noches un beso tuyo, de sentirme viva cuando me abrazas y la chica más afortunada del mundo cuando me miras. No quería todo eso, no quería sentimientos ni quería enamorarme. No quería otra historia de amor porque odio los finales. Pero parece ser que cuanto más impedimos que algo ocurra en nuestra vida, llega. Llega con fuerza, con valor y no hay nada que podamos hacer para frenarlo. Está claro que el pasado aún me pesa, y hay días que mucho, muchísimo. Soy así. Cuando quiero, quiero a rabiar. Y he amado hasta quedarme sedienta y herida. Son cosas que siguen en el día a día, que no se olvidan, que yo no puedo evitar ni puedo remediar. Es mi pasado, algo que forma parte de mí, y sin él yo no sería yo. Pero tú me estás dando la esperanza y las ganas que necesitaba para volar. Puedo ser la niña pequeña que llevo dentro y puedo ser la mujer que soy, sin miedo a nada, porque tu estás aquí y te gusta. Y si a ti te gusta, yo soy feliz, y al serlo yo, lo eres tú. Es una cadena que sigue y cada día tiene más eslabones. Si hace un mes me dijeran esto, no lo creería. La vida nunca dejará de sorprenderme, o a lo mejor es que me toca recoger lo que en su día sembré.
Voy a abrir la puerta, necesito estar en tus brazos.

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