La guerra civil nos dejó una España rota, llena de lágrimas y dolor, donde abundaba el miedo y decaían los sueños. Sin embargo, la auténtica guerra empezó en el 39. No se trata de que los rojos sean mejores o peores, o de que si los nacionales lo hicieron mal o bien. La gente está muy equivocada. La cuestión es que fue una guerra. Una guerra provocada que unos empezaron, y otros se defendieron. Está claro que hubieron muchos muertos inocentes tanto en un bando como en el otro, pero España estaba en guerra y en todas las guerra muere gente. Lo que no cabe en mi cabeza es cómo una vez acabada la guerra se intenta aniquilar a personas que simplemente tienen ideas distintas a los “vencedores”. Por esta misma razón no hicieron lo mismo rojos que fachas. Es un pequeño detalle que marca la diferencia. Se les llamaba “vencedores” a los nacionales. Para mí fueron unos cobardes. Unos miserables cobardes que encerraban a la gente para luego torturarla y matarla. Es la forma más fácil de aniquilar una idea, un pensamiento, pero jamás pudieron lograr esa extinción. En cada persona inocente asesinada bajo las órdenes de Franco, en cada historia, en cada niño o niña huérfano, en cada cicatriz… en todos y cada uno de los rincones de España quedan pinceladas de lo que un día fue una auténtica lucha. Una verdadera contienda por la igualdad y la libertad. Gracias a todas y cada una de las personas que jamás se rindieron a día de hoy podemos disfrutar de una democracia. Sin ellos, sin su compromiso y su entrega no habría sido posible. Yo lo recuerdo hoy, para que vosotros lo hagáis ahora. Y para que año tras año, día tras día, se siga recordando, y al menos, todo lo que sufrieron no haya sido en vano.

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