Qué juego más tonto creímos empezar. Ahora lo hemos convertido en una única vida. Trato de recordar en qué momento empezó todo. Cuándo empezaste a retenerme. Pero tan sólo tengo pequeños destellos fugaces llenos de besos.
Un año después, contigo, las palabras se me vuelven absurdas. ¿Qué decirte ya que no sepas?
Pues te digo que a tu lado no tengo miedo. No tengo miedo de perderte. ¿Por qué habría de tenerlo si ambos queremos estar juntos?
Nunca me había sentido así. Esto es pura FELICIDAD. Felicidad inyectada en vena. Dosis y más dosis. Algo frenético y dulce que no cesa nunca.
Y, ¿sabes lo que más me gusta? Que a pesar del "nunca digas nunca y tampoco digas siempre", sé a ciencia cierta que, si en este momento, a las 2:08 de la madrugada, te levantase de la cama para pedirte que te escapases conmigo, con lo puesto, tú dirías un SÍ.
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